15 de abril de 2017

Diferencia entre Sol y Ascendente



Charla realizada en vivo desde la fanpage de Facebook para mejorar la comprensión sobre las diferencias que existen entre el Sol y el Ascendente, siendo que ambos son puntos vitales en la carta natal.    

3 de abril de 2017

La Venus y la Bestia


Que Venus está retrógrado, no es ninguna novedad; hasta el 15 de Abril se moverá volviendo sobre sus pasos y nos traerá, -a cada quien a su manera-, la posibilidad de rever las cuestiones ligadas al planeta y a aquellos tópicos de la vida sobre los que rige. El evento en cuestión se realza cuando consideramos que, en su movimiento aparente hacia atrás, Venus cambia del fogoso Aries al sensible Piscis.     

Desde ayer a la noche, y por los días que restan hasta la fecha señalada, este tránsito enfocará el manejo de nuestros afectos y relaciones, el uso de dinero y bienes, y nuestros valores y gusto estético, a través de un prisma mucho más ensoñador y caleidoscópico. La tonalidad cambia, entonces, hacia lo más sutil de nuestro mundo interno, aplacando la iniciativa ariana de buscar soluciones apresuradas y momentáneas. 

Apoyándome en la imagen del maravilloso cuento de la Bella y la Bestia, puedo decir que este peculiar movimiento de Venus resonará en nosotros como el instante de aceptación en el que el príncipe hechizado se resigna a su nueva condición. ¿Cómo, sino, podemos recapitular sobre los sentimientos y vínculos que no sea abrazando la fealdad que se esconde en nuestro castillo, la animalidad que no nos permite amar profundamente y a consciencia?  

A diferencia de la Bestia de la narración, contamos con la ventaja de que los pétalos sólo caerán para darnos una valiosa oportunidad, tras la cual podemos seguir con nuestra vida indiferente, si la ignoramos; o, bien, podemos permitir que la empática energía pisciana nos sumerja -capa tras capa- hasta dar con el núcleo mismo del sufrimiento, ese espacio donde nos negamos el amor propio y, por ende, la justa valoración personal. 

Podemos buscar afuera, podemos desperdiciar aquello que tanto sudor cuesta ganar, e, incluso, juzgar por las apariencias; Venus retrógrado nos advierte de las consecuencias que muchas veces no queremos ver, recordándonos que es fútil pretender príncipes/princesas, si albergamos bestias...  

Habrá que aprovechar este tiempo, entonces, para buscar dónde la vanidad y el deseo de consumo arraigaron como malezas en nuestros jardines interiores, opacando el vistoso despliegue de las rosas.

9 de marzo de 2017

Piscis, el Amor que se disuelve en la Unidad

Imagen por Steel Eyes (deviantart)

El Sol navega los insondables mares piscianos y, entre el vaivén de las olas, el ciclo que comenzó en Marzo del año pasado va llegando a su consumación. Es un tiempo de baja vitalidad, -pero de fervoroso anhelar-, donde lo que prima es la disolución de las experiencias que se fueron desplegando a lo largo de estos doce meses. 

La imagen es la de unas merecidas vacaciones tras un arduo periodo de trabajo; "y el séptimo día contempló su obra y descansó". Empero, en ese reposar sobre las mareas, está implícita la asimilación de todo lo experimentado; en palabras más cotidianas, el verdadero balance anual.

Piscis, el último signo en la rueda tradicional, es la representación del Ouroboros; símbolo antiquísimo que nos habla de que el fin está contenido en el principio, y el principio, en el fin. Es una manifestación de eternidad. ¿Qué tipo de eternidad? La del alma, en su incesante peregrinaje de muerte y renacimiento. 

Los mundos invisibles, aquellos prácticamente imperceptibles con los sentidos físicos, son los espacios en los que Piscis, como energía, se mueve, -valga el cliché-, como pez en el agua. El ámbito de los sueños (los de realización y los oníricos), es otra de las dimensiones bajo su regencia, debido a su inherente conexión con los mundos espirituales. 

Por ello, como ejercicio saludable para el alma, es la época ideal del calendario para dormirse con una intención particular y tomar nota, al despertar, de lo soñado, por más irracional y difuso que nos parezca. Por lo tanto, también es válido "soñar" con aquello que queremos alcanzar en el nuevo ciclo que comenzará con el ingreso del Astro Rey en la constelación de Aries.

Dada la conexión del duodécimo signo con la universalidad de la Creación, la virtud que le corresponde es la del Amor; la de saber amar (no por nada, ocupa el último lugar en el "viaje" del zodíaco). Y esta capacidad implica, por supuesto, un amor más allá de toda pertenencia, posesión, apego o interés; se trata de un don que ha de pulirse constante y minuciosamente, aunque siempre en resonancia con la fuente creadora. Es el tan mencionado "amor universal" que tanto nos cuesta desarrollar, sin ligarlo a cuestiones de idolatría o delirio. 

La virtud del Amor -con mayúscula- deviene, ejercicio consciente mediante, en otro maravilloso concepto: la Magnanimidad. Esta palabra, (compleja de pronunciar, pero mucho más de poner en práctica), implica lograr la visión adecuada para captar lo que hay más allá de nuestro pequeño mundo personal, y actuar con grandeza de alma en consecuencia. Es todo lo opuesto a la vanidad, y, por ende, a la división. 

Así, queda explícito que el desafío de esta época, (y amplío; de la era en ciernes), es elevarse por sobre todo aquello que nos separa, que nos impide esa meta tan deseada por la humanidad que es la feliz y tolerante convivencia de todas las razas y formas de vida que habitan la Tierra-Gaia. Si queremos enseñar, que sea a través del ejemplo; si necesitamos ser escuchados, que sea aceptando que el otro piense distinto; si queremos un mundo más unido, más similar a otros planos de existencia superior, que sea empezando por trabajar nuestra parcela, cultivando con Amor.


. . .


Feliz fin de ciclo, y a validar nuestros sueños, que son los faros que soportan la luz de nuestra existencia. 
Si estamos vivos, que valga la pena.
  


G.F 

13 de febrero de 2017

Acuario, la discreta Fuente Originaria

"Aquarius" by Vironique (deviantart) 

A medida que "estrenamos" el año gregoriano, el Sol avanza inexorablemente, encendiendo con su luz cada uno de los doce peldaños, en una nueva oportunidad de tomar consciencia de quiénes somos y del mundo que nos rodea. En esta ocasión, desde las lejanas alturas de Acuario, el signo que gobierna la nueva era.

El ascenso capricorniano nos desafió a hacer uso de nuestro valor para alcanzar la cima de proyectos o metas de mediano a largo plazo; o, por lo menos, para lograr encaminarlas. Su persistencia nos deja, ahora, en las manos del cielo, a punto de dar "un salto de fe" que nos devuelva las alas, que nos recuerde que sí podemos volar. Y que no estamos tan solos. 

Acuario es una energía colectiva, de grupos mixtos y variados. Es el punto clave donde se pone a prueba nuestra capacidad de compartir (adquirida en Géminis). A partir de aquí, todo lo que se logró durante este ciclo astrológico tiene que ser convidado a la comunidad, aceptando, también, la invitación a formar parte de los éxitos ajenos. 
Para ello, el signo nos recuerda un concepto clave que, hoy por hoy, debería ser premisa en un mundo que está en constante diversificación: la tolerancia.    

Claro, las sociedades están muy revueltas, y eso es decir poco. No hace falta des-nutrirnos de los medios-mediáticos para darnos cuenta; basta con salir a la calle y activar las antenas. Entonces, ¿dónde queda relegada esa palabra? Por supuesto que en casa de pocos, pero en boca de muchos. Y ese es uno de los puntos flojos del signo aéreo que nos rige, ligado a la comunicación y a la razón.

En la temporada anual del Aguador (ene-feb) tenemos siempre la posibilidad de acceder a la virtud que es como un remedio homeopático para tal falencia. Esa virtud es nada menos que la Discreción. Según el DRAE: "Sensatez para formar juicio y tacto para hablar u obrar". O sea, bastante de lo que adolecemos a la hora de exponer nuestro punto de vista, de entablar un intercambio de ideas o, sencillamente, de expresarnos sobre un proyecto personal. 

¿Qué alimento se gana para el espíritu con imponernos ideológicamente por sobre los demás? La fraternidad global es una de las más grandes aspiraciones acuarianas y, quizás, también una de sus más frecuentes utopías. Pero, también es cierto que, desde este filtro zodiacal, toda autocracia es casi un crimen contra la libertad inherente al Ser Humano.

Actuar con discreción, con todo lo que su significado encierra, es trazar un camino invisible desde los cielos hacia la tierra; es buscar la Fortaleza de Espíritu que abra los nubarrones de la ignorancia y el egoísmo para revelarnos la fuente originaria de todas las cosas, que no es otra cosa que el cántaro representado en el arquetipo del Aguador. 

La mitología nos enseña que la famosa imagen de Acuario es dada por un joven príncipe de proverbial belleza que fue raptado por el mismísimo Zeus para ser llevado al Olimpo en función de copero de los dioses. Sí; una posición de servicio.

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Un fraterno abrazo que perdure más allá de este tránsito.         


22 de diciembre de 2016

Compulsión por sostener (o cuando la Luna en Tauro resiste el cambio)



Como sabemos, -o podemos leer en cada vez más sitios online-, la Luna representa una faceta de nuestra personalidad que opera al borde de la consciencia. Es lo que llamaríamos nuestra "zona de confort"; aquel lugar de maternal consuelo al que regresamos una y otra vez, y del que -en muchos casos- no quisiéramos emerger. 

La cualidad de dicho refugio toma las formas y los colores que cada signo le aporta; así, lo que puede ser una necesidad de afecto imperiosa para la Luna en Aries, puede sonar a ridiculez o desatino para otra posición del satélite, como en Capricornio, por ejemplo.
Hecha esta breve introducción, pasaremos a ver algunos rasgos típicos de la Luna en Tauro, en particular.

Si bien es considerada una posición donde la Luna se encuentra muy a gusto debido a la energía taurina, a través de las lecturas de E. Carutti es fácil notar -teniendo en cuenta lo que se dijo arriba- que a mayor comodidad, mayor resistencia a prescindir de ella

Así, la Luna en Tauro genera un mecanismo repetitivo donde prioriza la seguridad material y la estabilidad por sobre todos los otros condimentos e ingredientes que crecen por la vida. Y la analogía con lo alimenticio no es casual aquí; precisamente, esta es una Luna que busca satisfacer su apetito (en todo sentido), tanto como el de los demás. 

La actitud servicial, o mejor dicho, de resignado sosiego, la lleva, desde su juventud, hacia ambientes o situaciones en las que pueda ser sometida -sí, sometida- por otros con tal de conservar y conservarlos; con tal de que "nada cambie". No importa si son relaciones, trabajos o ambientes que la desgastan; siente que necesita el sostén del dinero, de la sensualidad y la demostraciones de afecto, y de todo lo que cree que debe permanecer inalterable.

Demás está decir que es una Luna que, no por tonta sino por terca, se rodea de personas que suelen aprovecharse, que suelen verla con la solidez necesaria como para usarla de bastón. Y es que su trampa es querer "estar ahí siempre", "poner el hombro" para sus seres queridos, y para que ellos también la quieran...

Esta Luna comparte, con el Sol en Tauro, la tendencia a la posesividad y a los celos, así como el ya mencionado rechazo a los cambios. No obstante, considerando lo visceral de nuestra capacidad de supervivencia, que es otra de las cualidades de la Luna en la carta, hay que aclarar que, en este caso, existe un miedo muy grande a que las cosas dejen de ser lo que son. De allí su aferramiento. 

¿Qué podría hacer, entonces, para cortar con el círculo vicioso al que la lleva el estancamiento? En principio, reconocerlo. Luego, podrá animarse a hacer las paces con el cambio, con lo imprevisto, y, a su tiempo, dar pasos firmes -y aunque le suene a paradoja- en pos de lo variable. Conectar con alguna dolencia física, que siempre tiene, para buscar las causas no visibles, sería una buena terapia.  

Tauro es el signo del goce, del florecer, de la actividad constante sobre lo material; ¿por qué debería intentar perpetrar la inercia en detrimento de la vida? Es evidente que la Luna, actuando en automático, no suele reflejar lo mejor de cada signo; para ello hace falta un trabajo personal y esforzarse por hacer algo distinto.  
Después de todo, la vida es justamente eso: un constante cambio que nos acontece, incluso en la quietud.       
        
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